
Por: Horacio Cárcamo Álvarez
Esta semana que transcurrió fue para Magangué muy importante por muchas razones, pero sobre todo, porque las conmemoraciones y celebraciones nos dejaron bien claro que si tenemos motivos para festejar y de los que sentirnos orgullosos.
Le comentaba al director del Comunicador que junto a las fiestas patrias las folklóricas son de las más importantes en Europa; tanto es así, que cada cuatro años se celebra lo que se conoce como “Folkloriada Mundial”. Yo tuve la posibilidad de asistir a un encuentro de estos en Hungría, y realmente fue algo fabuloso, sobre todo, para quien como yo nunca había estado en algo similar. Aquello fue espectacular, no hubo un solo país europeo que no participara e hiciera gala de sus bailes, trajes, música y mitos vernáculos; cada delegación integrada por niños y adultos, indistintamente, eran una muestra itinerante del país que representaban.
Colombia fue en esa folkloriada la invitada de América y debutamos con un grupo de tamboras del Sur de Bolívar. Cuanta emoción sentíamos al escuchar a niños de esos territorios lejanos corear a orillas del Danubio en Budapest “rosa que linda eres”. Nunca antes me sentí más orgulloso de ser colombiano y por supuesto magangueleño. El folklor genera pertenencia y construye tejido social, la historia nos invita a emulaciones sanas y moldea la personalidad de los pueblos bajo el influjo de acontecimientos épicos y héroes de Luchas pasada.
Este pueblo que hoy parece vencido por quienes lo han vejado y saqueado como a galeón colonial en el fondo del mar, no es cualquier pueblo. Magangué en su condición de centinela del majestuoso Rio Grande de la Magdalena conserva sitial de preferencia en la historia de Colombia. Su aporte en la gesta de la independencia y en el forjamiento de la república lo convierten en pueblo heroico por el sacrificio y la inmolación de sus hijos aventajados: Pedro Cárcamo, Jacinto Palomino, Sabas Muñoz, José María Arias, Julián de los Santos y Cayetano Ceballos no escatimaron a la hora del sacrificio y ofrendaron sus vidas a la causa de la libertad. Todo este legado lo hace invencible y superior a quienes los dirigen.
El evento de La Magangueleñidad es un buen punto de partida hacia el rescate de nuestra identidad. El socio para esta empresa es la escuela y, las herramientas de trabajo son el estudio de nuestra historia local y el rescate de nuestro folklore como expresión cultural. Necesariamente no hay que crear la cátedra de Historia de Magangué; podemos, si este es el propósito, trabajarla en el área de sociales definiendo en el plan de estudio su intensidad. La parte folklórica se trabajaría en artística y educación física. El primer producto de este evento que termina con éxito total es concertar con las autoridades educativas para que en la segunda versión la historia municipal nos la cuenten los niños que cursan sus estudios en nuestros establecimientos educativos, y las plazas se llenen para verlos bailar y desfilar como en el pasado, y escucharles de la mano de juglares y maestros poemas, decimas, cuentos y canciones.
Comenzamos a edificar un nuevo hombre en Magangué. Cuanto nos vamos a tardar en el trabajo es lo de menos. En todo caso, desde hoy el tiempo para lograrlo se acorto porque Álvaro Anaya y sus compinches buenos emprendieron la travesía.
Esta semana que transcurrió fue para Magangué muy importante por muchas razones, pero sobre todo, porque las conmemoraciones y celebraciones nos dejaron bien claro que si tenemos motivos para festejar y de los que sentirnos orgullosos.
Le comentaba al director del Comunicador que junto a las fiestas patrias las folklóricas son de las más importantes en Europa; tanto es así, que cada cuatro años se celebra lo que se conoce como “Folkloriada Mundial”. Yo tuve la posibilidad de asistir a un encuentro de estos en Hungría, y realmente fue algo fabuloso, sobre todo, para quien como yo nunca había estado en algo similar. Aquello fue espectacular, no hubo un solo país europeo que no participara e hiciera gala de sus bailes, trajes, música y mitos vernáculos; cada delegación integrada por niños y adultos, indistintamente, eran una muestra itinerante del país que representaban.
Colombia fue en esa folkloriada la invitada de América y debutamos con un grupo de tamboras del Sur de Bolívar. Cuanta emoción sentíamos al escuchar a niños de esos territorios lejanos corear a orillas del Danubio en Budapest “rosa que linda eres”. Nunca antes me sentí más orgulloso de ser colombiano y por supuesto magangueleño. El folklor genera pertenencia y construye tejido social, la historia nos invita a emulaciones sanas y moldea la personalidad de los pueblos bajo el influjo de acontecimientos épicos y héroes de Luchas pasada.
Este pueblo que hoy parece vencido por quienes lo han vejado y saqueado como a galeón colonial en el fondo del mar, no es cualquier pueblo. Magangué en su condición de centinela del majestuoso Rio Grande de la Magdalena conserva sitial de preferencia en la historia de Colombia. Su aporte en la gesta de la independencia y en el forjamiento de la república lo convierten en pueblo heroico por el sacrificio y la inmolación de sus hijos aventajados: Pedro Cárcamo, Jacinto Palomino, Sabas Muñoz, José María Arias, Julián de los Santos y Cayetano Ceballos no escatimaron a la hora del sacrificio y ofrendaron sus vidas a la causa de la libertad. Todo este legado lo hace invencible y superior a quienes los dirigen.
El evento de La Magangueleñidad es un buen punto de partida hacia el rescate de nuestra identidad. El socio para esta empresa es la escuela y, las herramientas de trabajo son el estudio de nuestra historia local y el rescate de nuestro folklore como expresión cultural. Necesariamente no hay que crear la cátedra de Historia de Magangué; podemos, si este es el propósito, trabajarla en el área de sociales definiendo en el plan de estudio su intensidad. La parte folklórica se trabajaría en artística y educación física. El primer producto de este evento que termina con éxito total es concertar con las autoridades educativas para que en la segunda versión la historia municipal nos la cuenten los niños que cursan sus estudios en nuestros establecimientos educativos, y las plazas se llenen para verlos bailar y desfilar como en el pasado, y escucharles de la mano de juglares y maestros poemas, decimas, cuentos y canciones.
Comenzamos a edificar un nuevo hombre en Magangué. Cuanto nos vamos a tardar en el trabajo es lo de menos. En todo caso, desde hoy el tiempo para lograrlo se acorto porque Álvaro Anaya y sus compinches buenos emprendieron la travesía.

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