Por: Horacio Cárcamo Álvarez
En Colombia desde el inicio de la república los temas políticos han despertado especial pasión. En algún tiempo fue tal, que esos sentimientos emocionales desbocaron en enfrentamientos partidarios. No en vano un periodo de nuestra historia se reconoce como de violencia partidista.
Quizás esa alta cuota de entusiasmo o nuestra condición de subdesarrollo, conllevan a que el país en tiempos electorales virtualmente se paralice. Contrario a lo que sucede en otras partes del universo donde el tiempo de elecciones es casi que desapercibido; mientras suceden no se altera el desarrollo normal del devenir ciudadano, de las instituciones y mucho menos el de la economía.
Lo curioso es que a pesar de lo trascendental que resultan las elecciones para el país, es a lo que los colombianos menos importancia le damos. Aunque parezca contradictorio así es: la escogencia de personajes como los del Pin, para elevarlos a la dirección del Estado y la alta abstención a si lo demuestran sin mayor análisis.
Un adagio popular sentencia: que de la fiesta se habla de acuerdo como nos va en ella. Para el gobierno nacional las elecciones del domingo 14 de marzo fueron un triunfo de la democracia, porque, en paz los ciudadanos pudieron escoger a los candidatos de sus “preferencia”; para la izquierda lo fue del partido del presupuesto.
Si procuráramos por una media entre aquellas dos posiciones, amén, de los avances y las excepciones, podríamos concluir que las elecciones para conformar el Congreso de la República fueron antidecráticas y pacificas. Lo primero porque como lo ha manifestado Mandela no puede ser democrático un Estado donde no hay comida cuando se tiene hambre, medicamentos cuando se está enfermo, hay ignorancia y no se respetan los derechos fundamentales. Y lo segundo porque la Farc-ep, guerrilla terrorista, no salió con sus charadas, aunque después, como el pato termino embarrándose en su propio estiércol con el atentado criminal de Buenaventura.
El debate que paso no se caracterizo precisamente por la confrontación de ideas, estas escasearon, contrario sensu, abundo el dinero malo y bueno, que se utilizo en cantidades exóticas en la comprar de conciencias. El dinero con el poder disuasorio que tiene donde pulula el hambre y la ignorancia impuso su orden. Los votos se obtuvieron en la cantidad directamente proporcional a la plata con la que se disponía.
La democracia no es un sistema político perfecto. Churchill sostenía que era la peor forma de gobierno, empero la excepción no son las mejores. El precursor Francisco de Miranda no alcanzaba a entender como el sistema de gobierno que se estrenaba en los estados soberanos de Norte América después de liberarse de la monarquía Inglesa permitía en sus asambleas legislativas la presencia de todo tipo de personas; galafates, sastres, posaderos, etc. A quienes la falta de conocimientos los conllevaban a participar en la configuración de leyes referentes a temas sobre lo que no tenían la menor idea.
A pesar de la imperfección de la democracia, lo que vimos es su negación. Si el análisis se hiciera desde Magangué tendría el peor referente. Triunfo el partido político más cuestionado ética y moralmente. A este partido lo que le falto en meritos, le sobro en dinero.
En Colombia desde el inicio de la república los temas políticos han despertado especial pasión. En algún tiempo fue tal, que esos sentimientos emocionales desbocaron en enfrentamientos partidarios. No en vano un periodo de nuestra historia se reconoce como de violencia partidista.
Quizás esa alta cuota de entusiasmo o nuestra condición de subdesarrollo, conllevan a que el país en tiempos electorales virtualmente se paralice. Contrario a lo que sucede en otras partes del universo donde el tiempo de elecciones es casi que desapercibido; mientras suceden no se altera el desarrollo normal del devenir ciudadano, de las instituciones y mucho menos el de la economía.
Lo curioso es que a pesar de lo trascendental que resultan las elecciones para el país, es a lo que los colombianos menos importancia le damos. Aunque parezca contradictorio así es: la escogencia de personajes como los del Pin, para elevarlos a la dirección del Estado y la alta abstención a si lo demuestran sin mayor análisis.
Un adagio popular sentencia: que de la fiesta se habla de acuerdo como nos va en ella. Para el gobierno nacional las elecciones del domingo 14 de marzo fueron un triunfo de la democracia, porque, en paz los ciudadanos pudieron escoger a los candidatos de sus “preferencia”; para la izquierda lo fue del partido del presupuesto.
Si procuráramos por una media entre aquellas dos posiciones, amén, de los avances y las excepciones, podríamos concluir que las elecciones para conformar el Congreso de la República fueron antidecráticas y pacificas. Lo primero porque como lo ha manifestado Mandela no puede ser democrático un Estado donde no hay comida cuando se tiene hambre, medicamentos cuando se está enfermo, hay ignorancia y no se respetan los derechos fundamentales. Y lo segundo porque la Farc-ep, guerrilla terrorista, no salió con sus charadas, aunque después, como el pato termino embarrándose en su propio estiércol con el atentado criminal de Buenaventura.
El debate que paso no se caracterizo precisamente por la confrontación de ideas, estas escasearon, contrario sensu, abundo el dinero malo y bueno, que se utilizo en cantidades exóticas en la comprar de conciencias. El dinero con el poder disuasorio que tiene donde pulula el hambre y la ignorancia impuso su orden. Los votos se obtuvieron en la cantidad directamente proporcional a la plata con la que se disponía.
La democracia no es un sistema político perfecto. Churchill sostenía que era la peor forma de gobierno, empero la excepción no son las mejores. El precursor Francisco de Miranda no alcanzaba a entender como el sistema de gobierno que se estrenaba en los estados soberanos de Norte América después de liberarse de la monarquía Inglesa permitía en sus asambleas legislativas la presencia de todo tipo de personas; galafates, sastres, posaderos, etc. A quienes la falta de conocimientos los conllevaban a participar en la configuración de leyes referentes a temas sobre lo que no tenían la menor idea.
A pesar de la imperfección de la democracia, lo que vimos es su negación. Si el análisis se hiciera desde Magangué tendría el peor referente. Triunfo el partido político más cuestionado ética y moralmente. A este partido lo que le falto en meritos, le sobro en dinero.
